Mitos de los Trastornos de la Conducta Alimentaria II: Son tonterías de la adolescencia que se pasan con la edad.

La mayoría de las personas que han padecido un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), coinciden en encontrar el comienzo de sus síntomas durante la adolescencia. A pesar de ello, se trata de un trastorno que suele ir gestándose durante años antes de que los síntomas sean visibles. Los síntomas suelen desencadenarse en el contexto de un cambio que demanda un mayor nivel de responsabilidad y madurez. El Trastorno de la Conducta Alimentaria se convierte en una forma de refugiarse o de solucionar el conflicto que se plantea. Es común que las personas que padecen estos síntomas no sean conscientes de la función que tiene para ellas el TCA, y los síntomas (reducción de la ingesta, vómitos, atracones) comiencen sin que la persona tenga una explicación clara de por qué lo está haciendo. Sin embargo, generalmente la sensación de control que experimentan con sus síntomas marca un camino claro que acaba desembocando en el trastorno de la conducta alimentaria.

¿Por qué se produce durante la adolescencia?

Durante la pubertad, las personas que hasta ese momento han podido sentirse seguras y protegidas, ven como empieza a transformarse su cuerpo y emergen sentimientos y sensaciones desconocidas hasta ahora. Es una etapa que en todos los adolescentes suele generar ansiedad y miedo. Se encuentran con un cuerpo que no reconocen y puede detectar estos cambios como signos de gordura. Este efecto es especialmente visible cuando la pubertad se desarrolla precozmente, ya que frecuentemente  desata comentarios, burlas y piropos de sus iguales o de algún adulto, lo cual puede afectar profundamente. Por todo ello, el TCA puede convertirse en un refugio para afrontar estos cambios tan radicales, que le evite los retos y las responsabilidades que se le avecinan.

¿Se pasa con la edad?

Los estudios indican que entre un 30 y un 50% de las pacientes con bulimia nerviosa continúan teniendo síntomas después de 10 años. Estas cifras son de entre un 50 y un 75% en el caso de la anorexia nerviosa. Además, en este último, la tasa de mortalidad es la más alta de entre todos los trastornos psicológicos (5,6%) (Agras, 2001).

La mayoría de las complicaciones de los trastornos de la conducta alimentaria remiten con la recuperación nutricional y el cese de las purgas, pero algunas son irreversibles, como por ejemplo, la pérdida de esmalte dental, los cambios en la estructura cerebral, el retardo o detención en el desarrollo puberal y la dificultad para la adquisición de masa ósea, predisponiendo a osteopenia y osteoporosis.

Por ello, una de las principales recomendaciones por parte de los profesionales especialistas en estos trastornos es la importancia de comenzar un tratamiento psicológico y nutricional especializado en el momento que se descubren los síntomas, para favorecer el pronóstico del trastorno y reducir las consecuencias físicas y psicológicas que puede tener éste a medio y largo plazo. Una vez comenzado el tratamiento, el curso es variable. Los resultados de los centros especializados sugieren que la duración promedio es de 4-5 años. Dentro de esto, encontraremos personas que se recuperan en un año y otras cuya enfermedad presente un curso grave y duradero.

Bibliografía:

–          Treasure, Smith y Crane (2011) Los trastornos de la alimentación. Guía práctica para cuidar de un ser querido. Ed. Serendipity: Bilbao.

–          Calvo, Rosa (2002) Anorexia y bulimia. Guía para padres, educadores y terapeutas. Editorial Planeta: Barcelona

–          Agras, W. S. (2001). The consequences and costs of the eating disorders. Psychiatric Clinics of North America, 24(2), 371-379.

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