Hasta ahora te hemos mencionado los síntomas de la B.N. y hemos tratado de explicarte la enfermedad. Pero:

¿Cómo te está afectando a ti?

Al igual que observamos síntomas en una paciente con Bulimia Nerviosa, también la familia altera su comportamiento ante la enfermedad. Cuando aparecieron los primeros síntomas puede que hayas pensado que no era importante, que era una tontería y que se le pasaría. Tras un tiempo, y al ver que no cambiaba, puede que hayas mirado hacia otro lado no queriendo ver. Si te ha pasado esto es normal, puesto que asumir un problema de estas características es difícil y es necesario un tiempo para asimilarlo. Quizá posteriormente, sentiste sorpresa puesto que pensaste que tu hija jamás caería en un problema de este tipo. Puede que hayas sentido vergüenza o culpa, fruto de tu desconocimiento del problema.

Una vez asumido el problema has sintonizado con tu hija y tus máximos esfuerzos van dirigidos a controlar los atracones. Con el objetivo de que no desaparezcan determinados alimentos de la casa y ante la queja del resto de los miembros de la familia, tiendes a esconderlos en distintos lugares de la casa, en ocasiones los has guardado bajo llave. Si estas estrategias no te han funcionado, puede que hayas terminado por no comprarlos, hasta llegar a una situación donde vuestra despensa está literalmente vacía. Si tu hija te ha robado dinero para comprar comida, puede que hayas guardado este bajo llave o incluso hayas puesto un candado en tu habitación. Una estrategia empleada por algunos padres, es no dejar a su hija ni a sol ni a sombra. Hay madres que toman la decisión de dormir con su hija, tratando de evitar así los atracones por la noche.

Poco a poco, toda tu vida se ha ido reduciendo al problema de tu hija y es normal que sufras problemas de ansiedad y ánimo como consecuencia de éste. Has intentado hacerlo todo por ayudar y tratar de solucionar su problema, sin embargo no lo consigues, te desanimas y abandonas. Es normal que en ocasiones decidas tirar la toalla al ver que no consigues nada. Sin embargo, después de un tiempo decides de nuevo volver al campo de batalla y así has entrado en un círculo vicioso de intentos de control y abandono. Ello te provoca una sensación de indefensión, ira, rabia y enfado. Dedicaremos las próximas semanas a ayudarte a que cuides a tu hija de manera eficaz y a la vez proteger tu salud.

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